miércoles, noviembre 10, 2004

Todavía queda esperanza

Tras la frustación de las últimas elecciones norteamericanas que, nos guste o no afectarán a la política mundial y por lo tanto a la vida de todos los habitantes del planeta tierra entre los cuales tengo el honor de incluirme; cuando ya todo parecía perdido y nos invade una suerte de incompresión hacia ese pueblo estadounidense que ha decidido que un loco fundamentalista e hipócrita tenga la capacidad de llevar al mundo al desastre; en este preciso momento en el que el mundo tiene miedo un futuro más que nunca incierto, descubro un pequeño rayo luz, una 'paginita' web muy simple y llana, sin efectos especiales. Un pequeño David armado con sólo una honda pero capaz de acertar a su Goliath entre ceja y ceja. Y me encuentro con algo tan hermoso como esto:


www.sorryeverybody.com

Que traducido al castellano viene a decir: "Lo sentimos mundo, lo intentamos. (Firmado: La mitad de América)"

Un poco más abajo el autor de la página explica sus intenciones:

Some of us — hopefully most of us — are trying to understand and appreciate the effect our recent election will have on you, the citizens of the rest of the world. As our so-called leaders redouble their efforts to screw you over, please remember that some of us — hopefully most of us — are truly, truly sorry. And we'll say we're sorry, even on the behalf of the ones who aren't.

Algunos de nosotros -esperamos que la mayoría de nosotros- estamos intentando comprender y valorar el efecto que nuestras recientes elecciones tendrán en vosotros, los ciudadanos del resto del mundo. Cuando nuestros supuestos líderes redoblen sus esfuerzos para joderos, por favor recordad que algunos de nosotros -esperamos que la mayoría de nosotros- lo sentimos mucho, mucho. Y seguiremos diciendo que lo sentimos, aún a favor de aquellos que no lo hacen.

Los que lo sienten

viernes, noviembre 05, 2004


eBush

Sin comentarios.

miércoles, octubre 20, 2004

Fotografía

La luna escondía su rostro entre las nubes y la volvía a mostrar una y otra vez, indecisa. El viento frío del invierno, que agitaba fuertemente las ramas de los árboles y que el otoño había dejado desnudas, alejaba de las calles y avenidas incluso a los mendigos. Algunos carámbanos se formaban en los establecimientos entre los toldos recogidos y la pared. Sólo unos pocos atrevidos caminaban por las calles en busca de su destino. Pero la mayoría se recogían en sus hogares, refugiados en el calor de sus radiadores y estufas y la comodidad de sus butacas y sofás y las suaves luces de sus lámparas que daban a las habitaciones ese agradable color entre amarillo y carmesí. Algunos ya preparaban sus cenas calientes y sabrosas en una cocina llena de alimentos frescos y deliciosos condimentos.
Entró en su hogar como cada día después de un largo y duro día de trabajo. Vivía solo y odiaba el silencio de las habitaciones. Era por ello que cada día al entrar y después de encender la luz del vestíbulo y dejar su gabán y chaqueta en el perchero se dirigía a su cuarto de estar y pulsaba el botón negro. Una pantalla se iluminaba repentinamente que inundaba la habitación de gente y voces y música. Nunca prestaba atención a todo aquel parloteo incesante, sin embargo la abundancia y variedad de sonidos le creaba la suficiente sensación de compañía como para poder desechar toda impresión de soledad mientras se dedicaba a sus quehaceres domésticos.
Aquel día fue diferente. En el instante en que la pantalla se iluminaba y antes de que se apartara de ella pudo observar una imagen deprimente. Era una fotografía. El lugar era desértico, el sol iluminaba con fuerza estremecedora, algunas chozas deterioradas se observaban al fondo y en primer plano hombres, mujeres y niños de piel oscura, semidesnudos algunos y otros por completo, especialmente los niños, con sus cuerpos sucios por el polvo y la árida tierra. Sus vientres, hinchados por la hambruna, la curva de la infelicidad, contrastaban con los esqueléticos brazos y piernas. Los labios de blanco pálido, del color de la tierra, de la sed y del hambre. Mientras contemplaba aquella imagen, se oían algunas voces de fondo, tuvieron que pasar algunos segundos hasta que se percatara de que la persona que hablaba era la misma que había realizado la fotografía. La fotografía desapareció y el hombre apareció cómodamente sentado hablando continuamente detrás de la pantalla. Hablaba sin parar y describía esto y aquello y todo lo que se podía observar mediante la fotografía.

- Si, pero tú ¿Qué hiciste? – Preguntó al hombre de la pantalla.

Ignorando la pregunta, el hombre de la pantalla continuó hablando. Mientras le observaba sentía que sus piernas le pesaban y que su cuerpo estaba paralizado. No podía dejar de observar aquellas imágenes angustiosas.
Apareció una nueva fotografía en la pantalla.
Esta vez sintió que la imagen le desgarraba el corazón. En medio de aquella tierra seca, en un lugar solitario, caminaba una niña, sola y desnuda. El hombre de la pantalla describía como se había alejado del campamento y había encontrado aquella niña. Su descripción no era diferente al resto. Brazos delgados, vientre hinchado y considerable cráneo. No tendría más de cinco años.

- Si, pero tú, ¿Qué hiciste? – Volvió a preguntar al hombre la de la pantalla.

Pero el hombre hablaba y hablaba de lo lastimoso de la situación, del hambre, de la pobreza de las injusticias, del dolor...

- Si, pero tú ¿Qué hiciste?

Casi sin darse cuenta, mientras observaba al hombre de la pantalla, se había sentado y apoyando los codos en las rodillas se frotaba las manos, se rascaba los dedos, tiraba de ellos, los cruzaba y los movía en todas las direcciones. La madera de la mesa que sostenía la televisión dio un pequeño crujido como de dolor y sufrimiento. Un trueno, que anunciaba una pronta tormenta, estalló en medio de la noche y los cristales, empañados por la humedad, retumbaron; sintió un pequeño espasmo y en la pantalla apareció una nueva fotografía.
Se mordió los dedos. La niña solitaria aparecía con las piernas encogidas y la cabeza cerca de la tierra. Había visto muchas veces una imagen parecida en los parques, en los jardines. Los niños se agachaban para jugar con la tierra, para tomarla entre sus manos y ver como se les escapaba entre sus delgados dedos. Pero esta niña no estaba jugando. Esta niña estaba cansada. Sus manos no jugaban con la tierra, se apoyaban en ella, su cabeza caía junto a su cuerpo agotada por el cansancio que venía de la falta de vitaminas y proteínas y grasas e hidratos de carbono y minerales, con calcio y fósforo y magnesio y sodio y hierro y yodo y potasio y del agua clara pura y limpia. Caía porque su cuerpo ya no podía más. Y aquel hombre detrás de la pantalla hablaba y hablaba acerca de la pobre niña y de la fotografía y del horror y de la desolación y de la impotencia y del miedo y de la vida y de la muerte...

- Si, pero tú, ¿Qué hiciste? –Preguntó una vez más a aquel hombre que no podía oírle.

Las piernas le temblaban ante la aparición de la fotografía más desoladora. La niña permanecía en la misma posición encogida y vulnerable. Pero esta vez, a poco más de un metro un buitre permanecía impasible a la espera de una muerte evitable. Aquella criatura, con la cabeza en tierra, no podía advertir que había dos seres vivos observándola: un buitre y un fotógrafo.

- Pero tú, ¿Qué hiciste? ¿Qué hiciste?

Y como si un millar de almas, como si todos a la vez, en un grito al unísono le hiciesen la misma pregunta, el hombre de la pantalla respondió:

- Y no hice nada porque había tanta gente a la que había que ayudar, que no podía ayudarlos a todos. Sólo me acerqué al buitre y lo espanté.

Sus codos continuaban apoyados en las rodillas, pero esta vez las manos ocultaban su rostro. La humedad que ahora estaba en sus ojos se filtraba a través de las comisuras, entre sus dedos. Su rostro, también caído, como el de la niña, pero esta vez por el dolor, permanecía en una continua contracción provocada por el sufrimiento. Las lágrimas se hacían cada vez más abundantes. La compasión y la desesperanza le ahogaban.

La luna ocultaba definitivamente su rostro a una humanidad indigna. Un trueno de dolor resonó en el cielo que comenzó a sollozar con profusión. Los árboles se agitaban como queriendo huir de la impiedad. Y en una pantalla de televisión permanecía la fotografía de una niña y un buitre y una voz de un hombre que surgía de interior del televisor y un lamento que permanecía en el exterior. Los dos vieron lo mismo. El primero vio la imagen perfecta para un premio pulitzer a la mejor fotografía, el segundo, una niña, hambrienta, cansada, indefensa que caía exhausta mientras un buitre permanecía al acecho, o quizás eran dos, y en el cielo resonaron las palabras que el zorro dijo al Principito: “No se ve bien sino con el corazón”.



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Nota: Kevin Carter recibió el premio pulitzer en el 23 de Mayo de 1994 por la fotografía de una niña Sudanesa que desfallecía en el camino hacía el centro de alimentación, mientras un buitre cercano a ella permanecía a la espera. Dos meses después Kevin Carter, a los 33 años, se suicidaba al ingerir un veneno.

jueves, octubre 14, 2004

Cristianismo tradicional

Tengo una duda que me aqueja últimamente porque modifica los valores adquiridos desde mi más tierna infancia.

¿Existe un cristianismo tradicional?

Entiéndase la palabra tradicional como la costumbre transmitida de padres a hijos, sin mayor ideal que el título que proviene de un antecesor, carente de toda obligación moral o ética. Porque últimamente esa es la impresión que algunos que reclaman la tradición cristiana de Europa ofrecen de la religión creada por un tal Jesús llamado el Cristo.

Durante toda mi vida entendí el cristianismo (más allá de toda creencia dogmática) como una fe cuya piedra angular -que sustenta todo un edificio- era ésta: ama a tu prójimo como a ti mismo.

Sin embargo, cualquier observador extraterrestre ignorante de nuestra historia tendría la impresión de que la etiqueta cristiano tiene un significado único de pertenencia, un símbolo grupal, nada más.

-¿Eres cristiano? Rezaba el catecismo que nos impusieron los curas católicos. ‘Si soy cristiano por la gracia de Dios’ habíamos de responder. Pero como tantas otras respuestas, esta también era incorrecta. Si, soy cristiano porque lo eran mis padres –debería de haber sido la respuesta auténtica- y antes que ellos mis abuelos, soy cristiano porque nací en España, pero podía haber nacido en un país árabe y entonces muy probablemente sería musulmán y aún diría más, dentro de todas las sectas cristianas me educaron en la católica, pero también podía haber sido protestante, o testigo de Jehová o quizá un adventista del séptimo día o un mormón según el entorno en el cual me hubiese educado.

No, no es una cuestión de educación o tradición, yo creía que ser cristiano significaba algo más. ¿Se puede apoyar una guerra injusta –seamos claros, hoy ya nadie duda que la guerra de Iraq tuvo como único objetivo el petróleo- y a la vez llorar con el Sermón del Monte? ¿Dónde ha quedado la bondad de la cristiandad? Probablemente relegada a historias para niños por los supuestos cristianos que creen que ‘el mundo real’ es muy diferente al propuesto por Cristo, al que muy probablemente volverían a crucificar.

Porque es perfectamente posible ser ateo y amar al prójimo como a uno mismo, pero no sólo es incompatible sino imposible despreciar al prójimo y ser cristiano. Esto último fue lo que practicaron los miembros de cierta secta conocidos como fariseos.

miércoles, octubre 06, 2004

40 años con Mafalda

Conocía a Mafalda cuando contaba con catorce años vividos. Yo estaba terminando al Educación General Básica (E.G.B.), estudiando durante el verano las asignaturas que más tarde recuperaría en septiembre. Mi hermana mayor había comprado recientemente los once libros de Mafalda que incluían todas sus tiras cómicas escritas y dibujadas por Quino. Entre las largas y aburridas página de los libros de ‘Naturales’ escondía de vez en cuando uno de aquellos once libritos que contenían más y mejores enseñanzas éticas que los tediosos libros de la religión cristiana que nos enseñaban los fariseos curas escolapios. Porque aunque no existía una intención pedagógica, Mafalda vino a sustituir esa ética básica y funcional que va más allá de los dogmas religiosos esencialmente cristianos pero tan separados en muchas ocasiones del espíritu del segundo mandamiento.
Porque Mafalda era, esencialmente y por encima de todo, pacifista. Una época en la que Ronald Reagan preparaba su particular “Guerra de las Galaxias” y Margaret Tatcher era conocida como “la dama de hierro” por su intransigencia, Mafalda me mostraba a través de una simple tira cómica llena de ironía la involución que ha sufrido y sufre el ser humano:
-TV en un documental: Desde el arco y la flecha hasta el cohete teledirigido es impresionante lo que ha avanzado la técnica.
-Mafalda: Y deprimente lo poco que han cambiado las intenciones.

No hace mucho un reportaje televisivo anunciaba una gran cena de ricos y famosos de alto valor por cubierto cuyos beneficios serían destinados a obras de caridad para el tercer mundo. Hombres y mujeres desfilaron con sus mejores trajes de diseño y las joyas más lujosas. Mafalda se me manifestó al instante:


Una cibervida en los foros

Soy un cibernauta desde el año 1995. Participe en los foros/news de ciencia y religión bajo el seudónimo de Fritz Lang. Fueron buenos momentos donde a pesar de mi agnosticismo me situé del lado de los que sostienen una fe honesta, frente a los racionalistas brutalmente intolerantes.
Más tarde me uní al grupo de Zackyfiles (antes de que la página se convirtiese en un negocio) bajo el seudónimo de Obiwans, en el cual tuve la oportunidad de recuperar mi afición a la electrónica y aprender el funcionamiento de los actuales microcontroladores. Pero la participación en este foro requería muchísimo tiempo y dedicación, al punto que me sentí asfixiado (deje de leer novelas para dedicarme en exclusiva a los manuales de Atmel y Pic y el del gran Stuntguy).
Dejé Zackyfiles y volví a la lectura complaciente uniéndome al foro de cine clásico Divxclasico bajo el seudónimo de JohnFord. La prepotencia e hipocresía de los moderadores me decidió a dejar el foro. Me uní a la extraordinaria comunidad de Cyberdark con el mismo nick donde apenas posteo.
Pero internet es una tierra ancha y extraña, donde se es paisano y extranjero a un mismo tiempo...