miércoles, octubre 06, 2004

40 años con Mafalda

Conocía a Mafalda cuando contaba con catorce años vividos. Yo estaba terminando al Educación General Básica (E.G.B.), estudiando durante el verano las asignaturas que más tarde recuperaría en septiembre. Mi hermana mayor había comprado recientemente los once libros de Mafalda que incluían todas sus tiras cómicas escritas y dibujadas por Quino. Entre las largas y aburridas página de los libros de ‘Naturales’ escondía de vez en cuando uno de aquellos once libritos que contenían más y mejores enseñanzas éticas que los tediosos libros de la religión cristiana que nos enseñaban los fariseos curas escolapios. Porque aunque no existía una intención pedagógica, Mafalda vino a sustituir esa ética básica y funcional que va más allá de los dogmas religiosos esencialmente cristianos pero tan separados en muchas ocasiones del espíritu del segundo mandamiento.
Porque Mafalda era, esencialmente y por encima de todo, pacifista. Una época en la que Ronald Reagan preparaba su particular “Guerra de las Galaxias” y Margaret Tatcher era conocida como “la dama de hierro” por su intransigencia, Mafalda me mostraba a través de una simple tira cómica llena de ironía la involución que ha sufrido y sufre el ser humano:
-TV en un documental: Desde el arco y la flecha hasta el cohete teledirigido es impresionante lo que ha avanzado la técnica.
-Mafalda: Y deprimente lo poco que han cambiado las intenciones.

No hace mucho un reportaje televisivo anunciaba una gran cena de ricos y famosos de alto valor por cubierto cuyos beneficios serían destinados a obras de caridad para el tercer mundo. Hombres y mujeres desfilaron con sus mejores trajes de diseño y las joyas más lujosas. Mafalda se me manifestó al instante: